Suspenso, #FindelaCita

Para ser primero de Agosto del año del señor 2013, el sonido de la televisión era diferente, atípico y poco relajante. La comparecencia de nuestro presidente se había anunciado en todos los medios de prensa. Las expectativas eran altas. Este pais es ávido de noticias impactantes y sobre todo de dramas. En este caso se podía leer en diferentes medios la posibilidad de una dimisión de un bloque de políticos, presuntos culpables,  que dejarian paso a una regeneración de la cúpula de poder con el fin de crear, de nuevo, una confianza totalmente perdida en la estirpe política. Más de 10 millones de votantes de un partido y los 6 millones con algo más del otro, en las últimas elecciones, que sólo representaban a no más del 30% de los ciudadanos con derecho a voto, esperaban algo que no llegó, una confesión o un argumento válido.

No me toca a mi evaluar el contenido de la comunicación, puesto que creo que era predecible. El discurso redactado a partir de la estrategia elaborada por Pedro Arriola, era totalmente predecible. Estaba en la línea habitual que vienen practicando los partidos políticos de primera línea en las últimas décadas. La cara, los gestos, la ausencia de miradas directas, de entonación convincente… vaya, lo que viene siendo un discurso ensayado y prefabricado, con los tempos, pausas, aplausos, jaleos e incluso los abucheos programados. Cuando esto sucede, es tan irritante como un cantante de primer nivel hace un playback terrible, el público se enoja, se siente decepcionado y además pierde aun más, si cabe,  la confianza que le queda, perdiéndose en el ruido ambiente el contenido del discurso y sacándole punta a cualquier elemento jocoso que pueda surgir de la perorata. En este caso fue la exagerada coletilla #FindelaCita.

Presidente del Gobierno Español en la Cámara Parlamentaria

Muchas de las personas que escucharon tanto al presidente electo como al líder de la oposición y al resto de los políticos, aunque dudo que más allá de Rubalcaba hubiera mucha audiencia, sólo contaban el número de veces que incorporaban la coletilla “Fin de la Cita” en sus respuestas al discurso inicial. ¿Qué os parece?

Pero si nos remontamos a mucho antes de esta efeméride, lejos de pensar que un caso de presunta corrupción en las filas de un partido mayoritario es algo que pueda sorprender a alguien, existe un problema de base mayor que no acaban de ver o no quieren contemplar desde la estirpe política actual. El gran desagrado que existe por toda aquella información que tiene vinculación con la política, siendo a su vez este arte tan esencial para la gestión de un Pais.

Cuando leo las estadística de voto de unas elecciones generales, autonómicas o municipales y veo que cada vez menos ciudadanos ejercen su derecho al voto, es cuando detecto que algo va mal. Muchas de las excusas que ponen los ciudadanos, tienen el mismo resultado que la de Joaquin Reyes cuando en Museo Coconut declina ir a la Performance de su compañero alegando que ha quedado para “Hacer un bocadillo gigante, como reto personal. El sentido es el que no está, no parece que vaya a cambiar nada acudiendo a las urnas. Sólo en momentos trágicos de nuestra historia reciente, se han dado casos de máxima participación pero no han dejado de ser apuntes anecdóticos dentro de una anormal normalidad en una democracia. La desidia hacia la política existe y más aún en las fechas que corren en el calendario. La tragedia se cierne sobre muchos domicilios y sobre la perdida de algunos de ellos, pero no hay una solución clara ni que aporte confianza.

Después de todo lo que se pudo ver ayer, la identificación del problema, para mi, es clara. Nadie en este momento cree a nadie subido en un púlpito con el que no se puede identificar, con un tono de proximidad, una mirada a los ojos y ni tan siquiera una palabra alzada que me permita ver algo de sentimiento. Ayer nos habló un registrador de la propiedad que aportaba una información complementaria a una salvedad en el balance de un su gestión en ejercicio. Era fácil poder rebatir un discurso tan plastificado, en las formas, aun lleno de argumentos válidos, en partes del mismo, para poder arrastrar la querencia del público hacia un lado… y aun así, fallaron.

Para poder vender una idea o un proyecto hace falta tenerlo interiorizado, impregnado en nuestra sangre, que recorra todo nuestro cuerpo para que, con todo él, pueda ser transmitido a quien nos escucha. El Público tiene preguntas y un interlocutor tiene que tener respuestas. Este es el problema, las respuestas. La comunicación debe aportar veracidad, transparencia y responsabilidad, pero aun así no es suficiente. Hace falta un plus. Hace falta que sea creíble emocionalmente. Todo esto genera conversación, esa maravilla que la irracionalidad complementa con unas sensaciones que escapan a la lógica y permiten a unos y a otros a tomar decisiones que pueden tumbar a las estadísticas. Los oradores, los buenos oradores son aquellos que levantan pasiones y generan esas conversaciones acaloradas de bar o amigos en casa. Los grandes oradores son aquellos que te convencen que estar en sus manos es realmente lo mejor que puede pasar en este momento. Los oradores no leen, transmiten sus titulares ampliandolos con gracejo y empatia, pero para empatizar hace falta conocimiento de causa y riesgo medido para plantear soluciones. Ayer, la sensación es que hubo un uso desmedido de la hemeroteca de “citas” anteriores.

Ayer, dia importante en los medios de prensa convencional pero muy desapercibido para el gran público, fue cuando se confirmó que nuestros políticos suspenden otra vez en oratoria y que, para la gran masa del electorado,  nada nos es tan relevante como otro sin fin de banalidades que nos rodean en el quehacer diario.

Necesitamos diálogo y conversación, para ello precisamos de argumentos y sobre todo de emociones. Señores Políticos aprendan de grandes fenómenos como Risto Mejide, Jordi Évole, Jimenez Losantos, Andreu Buenafuente, Quim Monzó o Karlos Arguiñano… escojan el modelo que quieran, pero fíjense que cualquiera de ellos generan más emociones que cualquiera de ustedes, se exponen más teniendo mucho más que perder… o hagan algo mejor, creen un modelo propio.

Como apunte, las redes sociales, en especial twitter, que alberga a un escaso 6 % de la población, hervían ayer… pero con un hashtag que realmente deja muy claro el contenido que se extraía del discurso de unos y de otros… #findelacita, borrando todos los que se habían movido desde los gabinetes de un partido u otro.

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