Me suena… y me vuelve a sonar…

Volvía Braulio en el coche con su señora, Luis Fernanda, de pasar unos dias en el pueblo. Después de todos los santos le gustaba acercarse al pueblo para preparar los dias de Navidad con la familia y amigos. Antiguamente hacian la agenda de las “matacias” que abundaban en las diferentes casas y que, para él y los suyos, eran motivo de fiesta.

Repasaba en su cabeza las conversaciones de esos dias y le resonaban  las palabras de su gran amigo Ernesto Jartillo, filósofo rural que ahondaba en las crisis actuales desde la perspectiva de un curtido hombre del campo pero cultivado en la lectura y también de formación académica, que ya no recordaba cual era, pero que le había convertido en un altavoz, muchas veces incómodo, de realidades de difícil refutación. Gustábale  hablar con Ernesto y con Felipe Pelegrín. Felipe era de pocas palabras pero sentenciaba con diligencia muchas peroratas “envinadas” de taberna.

Este fin de semana el tema que habia salido en las conversaciones era como todo estaba de mal y como lo contaba la prensa. Ernesto, siempre contrario al mensaje enviado desde “el tercer poder” alegaba que había una nueva forma de comunicarse y que le permitía tener en cuenta más puntos de vista del mismo suceso. Eso habría caido en saco roto sino hubiera sido cuando Felipe dijo “Ya estás con la tontada del twitter otra vez”. Era un nombre que volvía  a salir otra vez. Juan Alfonso el otro dia le había hablado después de la partida de mus pero lejos de ver lo que alegaba, sólo tomó nota de la ilusión que mostraba su viejo amigo cuando decía que “no se sentía tan sólo”.

Ernesto había encontrado en Twitter una forma de poder decir lo mismo de siempre y que lo escuchara más gente. Comentaba que llevaba poco tiempo pero que ya había encontrado más como él y su dialogo dejaba de ser una conversación con una pared, como le había pasado en el pueblo casi toda la vida. Habia conocido más ciudadanos como él, dispuestos a hablar y conversar. Sentía que su vida era más rica que antes. Braulio no daba crédito. Convencido que esos temas eran para jovenes trató de ponerlo encima de la mesa, pero Ernesto, que  llevaba ya varias discusiones acaloradas con los locales sobre el tema, lo cortó rapidisimamente con esta frase “Barulio, leches! si hubieras pensado igual cuando salió el teléfono, ¿qué?”

Gerenciaba una empresa de construcción y al aparecer el lunes en la empresa, ArrateMari, su secretaria, le increpó nada mas abrir la puerta “Don Braulio, Paco, el informático, me ha mandado un whatsapp para decirme que llegará más tarde”. Braulio entendió el mensaje pero algo le chirrió en su mente… “…un whatsapp para…” ¿qué leches era eso? pero no le dio más importancia puesto que iba decidido a ver que decian en el “Google” sobre el twitter ese que ya habia oido dos veces en una semana.

No sabia por donde empezar, y llamar a Ernesto o a Juan Alfonso le daba cierto tipo de repelús, decidió seguir con su trabajo y esperar a Paco, el informático, para ver si le contaba algo práctico al respecto. Preguntó a ArrateMari y la vio con el teléfono haciando… no se qué. Le preguntó por Paco y ella sobresaltada dejó el telefono encima de la mesa y con cara sorprendida le dijo “Aun no sabemos nada de él, se habrá econtrado caravana, ya sabe…” Pero Braulio le interesaba más que hacia ella con el teléfono y fue cuando le dijo “Es eso Twitter lo que estas mirando?”… Ella asustada, como cuando pillas a un gato cogiendo un trozo de filete de bacalao que se está descongelando, saltó “Noooo, estoy con el whatsapp, lo del twitter es pa’los frikis” Braulio empezó a coger una dimensión mareante… ¿cuantas cosas nuevas había que él no conocia?

No se lo pensó, llamó a Rupérez, su mano derecha, y le citó en su despacho. Al llegar le pidió con voz taxativa “a ver, Martín, cogete al Paco, el informático, y a ArrateMari y liberamelos dos horas que necesito que nos enseñen un par de cosas. Martín Rupérez llevaba con Braulio más de dos décadas dedicadas a la gestión de la empresa y sólo le habia visto así el dia que Braulio descubrió que existian los teléfonos móviles y también cuando el averiguó que era el correo electrónico. No le gustaba nada. Rupérez se había vuelto perezoso con los años y todo lo nuevo le tiraba para atrás.

La noticia a Paco y a ArrateMari les cayó como un jarro de agua fria, Rupérez no era santo de su devoción y las formas que usaba habitualmente menos. Sobre todo cuando Don Braulio le había dicho algo que no le gustaba. Aparecieron por la sala de juntas donde esperaban impacientes. La incertidumbre es siempre el periodo de ansiedad donde el consciente rellena los huecos del desconocimiento con todos los terrores que nos asolan desde el conocimiento de nuestras propias faltas. Cuando apareció Braulio y les dijo “A ver chicos, ¿Qué es eso del twitter y del whatsapp? y ¿cuántas otras cosas no se de todo eso?” Las caras se relajaron y una respiración profunda vino a continuación de una mirada de complicidad relajada.

Los dos chicos empezaron a contar cosas, una de aqui y otra de allá, móvil por aqui y ordenador por allá, pero Braulio no se enteraba de nada aunque si percibió que estos chicos eran usuarios de esos productos y de otros más que gurgitaban en su conversación. Se quedó con palabras como Comunidad, Gratis, instantáneo  privado… La charla duró por una hora hasta que los paró. Esto parecia ser algo más que una moda y había que saber más, así que les preguntó “¿quién nos puede dar una clase rápida o no tan rápida de todo esto? Paco tenia la respuesta. Le mandaría un correo para mañana.

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